¿Por qué tenemos agujetas después de realizar ejercicio físico?
Seguro que alguna vez has terminado un entrenamiento sintiéndote perfectamente… y al día siguiente bajar escaleras se ha convertido en todo un reto.
Las famosas agujetas son muy habituales después de hacer un ejercicio al que nuestro cuerpo no está acostumbrado. Pero ¿qué son realmente? ¿Significa que hemos entrenado bien? ¿Y es cierto que se deben a la acumulación de ácido láctico?
¿Qué son realmente las agujetas?
Las agujetas forman parte de lo que conocemos como dolor muscular de aparición tardía, también conocidos como DOMS.
Suelen aparecer varias horas después de realizar una actividad física poco habitual y pueden alcanzar su máxima intensidad aproximadamente entre las 24 y 72 horas posteriores.
Los ejercicios con un componente importante de contracciones excéntricas (es decir, en las que el músculo genera tensión mientras se alarga) suelen producir mas DOMS. Por ejemplo: bajar escaleras después de mucho tiempo sin hacerlo, realizar ejercicios con cargas nuevas, correr después de meses sin hacerlo, aumentar el volumen de entramiento, etc.
¿Tener más agujetas significa haber entrenado mejor?
No. Este es uno de los mitos más habituales que se escuchan.
Un entrenamiento puede ser perfectamente eficaz para mejorar nuestra fuerza, masa muscular o resistencia sin producir unas agujeras intensas.
De hecho, cuando nuestro cuerpo se adapta a determinado estímulo, es habitual que experimentemos menos dolor después de repetirlo.
¿Debemos dejar de realizar ejercicio si tenemos agujetas?
Depende de la intensidad de los síntomas.
Si las agujetas son leves, normalmente podemos continuar realizando actividad física, adaptando la intensidad y evitando sobrecargar excesivamente la musculatura afectada.
De hecho, el movimiento suave y la actividad habitual pueden ayudarnos a sentirnos mejor, aunque hay que dejar claro que no existe un método mágico que haga desaparecer inmediatamente las agujetas.
¿Cuándo deberíamos preocuparnos?
Las agujetas habituales producen molestias musculares que van mejorando progresivamente.
Sin embargo, un dolor muy intenso, una inflamación importante, una pérdida marcada de fuerza o síntomas que no encajan con las molestas habituales deberían valorarse por un profesional sanitario.
No todo dolor después de entrenar son obligatoriamente agujetas.



