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MERALGIA PARESTÉSICA: CUANDO EL NERVIO FEMOROCUTÁNEO DA PROBLEMAS
La meralgia parestésica es una alteración neurológica que aparece cuando el nervio femorocutáneo lateral (encargado de transmitir la sensibilidad de la cara externa del muslo) sufre una compresión o irritación.
Aunque esta afectación no produce pérdida de fuerza en la pierna, puede generar síntomas molestos que afectar a actividades de la vida diaria como caminar, permanecer mucho tiempo de pie e incluso dormir.
¿Qué síntomas produce?
El síntoma más característico es la aparición de alteraciones sensitivas en la parte anterior y lateral del muslo. Se puede describir como:
Por regla general, los síntomas aparecen en un único lado y no se acompañan de pérdida de fuerza ya que este nervio es exclusivamente sensitivo.
¿Por qué puede aparecer?
Algunas situaciones que pueden favorecer la aparición de la meralgia parestésica son:
¿Qué podemos hacer desde la fisioterapia?
El primer objetivo suele ser disminuir la irritación del nervio y modificar aquellos factores que puedan estar contribuyendo a su compresión.
Neuromodulación percutánea: con la aplicación de corriente eléctrica a través de agujas, se busca influir sobre la actividad del nervio y mejorar la tolerancia a los estímulos
¿Es saludable el deporte de competición?
Cuando pensamos en deporte, normalmente lo asociamos con salud. Sin embargo, cuando hablamos de deporte de competición, la respuesta no es tan sencilla.
Competir puede aportar grandes beneficios físicos y psicológicos, pero también implica unas demandas mucho mayores que practicar actividad física de manera recreativa.
¿Dónde está el problema de la competición?
El deporte profesional busca conseguir el máximo rendimiento del atleta sea en la disciplina que sea. Para ello el deportista suele estar expuesto a cargas de entrenamiento elevadas y repetitivas.
Cuando esa carga supera la capacidad de recuperación del organismo, puede aumentar el riesgo de problemas como lesiones musculares, tendinopatías, lesiones articulares…
Por eso, no debemos confundir más entrenamiento, con más salud.
La importancia de la recuperación.
Entrenar es solo una parte del proceso. El descanso, el sueño, la alimentación y la planificación de las cargas son fundamentales para que el organismo pueda adaptarse.
Un deportista que entrena mucho, pero recupera de manera deficiente puede terminar disminuyendo su rendimiento y aumentando el riesgo de lesión.
Entonces, ¿es sano competir?
La competición en sí misma no es necesariamente perjudicial. Sus efectos dependerán de factores como el nivel deportivo, la edad, la planificación del entrenamiento, la recuperación y las características individuales de cada deportista.
El objetivo debería ser conseguir un equilibrio entre rendimiento y salud, entendiendo que ambos pueden coexistir. La clave no está en evitar la competición, sino en entrenar, recuperar y progresar de manera adecuada. El verdadero reto no es solo rendir al máximo hoy, sino conseguir que el cuerpo pueda seguir haciéndolo durante muchos años
¿Ser más flexible es siempre mejor?
Cuando hablamos de flexibilidad, solemos pensar que cuanto más rango de movimiento tengamos, mejor. Sin embargo, en fisioterapia más movilidad no es obligatoriamente sinónimo de mejor función.
Flexibilidad y movilidad.
La flexibilidad hace referencia a la capacidad de alcanzar determinados rangos de movimiento. La movilidad, en cambio, implica también tener control sobre esos movimientos.
Por ejemplo, una persona puede tener mucha movilidad de hombro, pero no ser capaz de controlar adecuadamente las posiciones más extremas.
¿Es malo tener mucha movilidad?
No necesariamente. La hipermovilidad puede ser solamente una característica individual sin presentar problemas asociados a esta.
Sin embargo, cuando existe dificultad para controlar esos rangos, el trabajo de fuerza y control motor puede ser más importante que seguir aumentado la movilidad.
¿Tenemos que estirar siempre?
No. Los estiramientos pueden ser útiles cuando existe una limitación de movilidad que afecta a una actividad determinada, pero no necesitamos aumenta nuestro rango de movimiento de manera constante.
La movilidad que necesitamos.
Cada deporte y cada persona, tienen unas demandas diferentes. Un gimnasta, un futbolista, una persona que entrena fuerza no necesitan exactamente el mismo rango de movimiento.
Por eso, el objetivo no debe ser conseguir la máxima movilidad posible, sino tener la movilidad necesaria y suficiente fuerza y control para que esta movilidad nos sea verdaderamente útil.
Los músculos inconstantes: ¿sabías que no todos tenemos los mismos músculos en el cuerpo?
Cuando pensamos en el cuerpo humano, solemos imaginar que todos tenemos exactamente los mismos músculos. Bíceps, tríceps, cuádriceps, gemelos… y así hasta completar nuestra anatomía.
Pero existe una curiosidad anatómica que demuestra que no todos los cuerpos son exactamente iguales: los llamados músculos inconstantes o músculos supernumerarios.
¿Qué son los músculos inconstantes?
Los músculos inconstantes son aquellos que no están presentes en todas las personas. Se consideran variaciones anatómicas normales: algunas personas las presentas y otras no.
Su ausencia no significa que exista un problema ni que el músculo haya desaparecido. Simplemente, forman parte de la enorme variabilidad anatómica que existe entre individuos.
Ejemplos:
¿Significa que tener un músculo inconstante nos hace diferentes físicamente?
Sí, pero no de una manera que podamos apreciar a simple vista. En la mayoría de los casos, estas variaciones no afectan de forma significativa ni al movimiento ni al rendimiento físico.
¿Cuántos músculos crees que hay en el cuerpo humano?
¿100? ¿300? ¿500?…
La respuesta puede sorprenderte: el cuerpo humano tiene más de 600 músculos. Aunque la cifra exacta puede variar según cómo se clasifiquen algunos músculos, se suele hablar de unos 600-650 músculos.
Y no todos sirven para lo mismo. Podemos agruparlos en 3 grandes bloques.
Además, la mayoría de músculos tienen funciones mucho más allá de producir movimiento. Ayudan a mantener la postura, estabilizar articulaciones, amortiguan los impactos, protegen los órganos, producen calor… Por ejemplo, el simple hecho de estar de pie, aunque parezcamos estar quietos hay decenas de músculos trabajando de manera simultanea para mantener tu cuerpo estable.
¿Por qué tenemos agujetas después de realizar ejercicio físico?
Seguro que alguna vez has terminado un entrenamiento sintiéndote perfectamente… y al día siguiente bajar escaleras se ha convertido en todo un reto.
Las famosas agujetas son muy habituales después de hacer un ejercicio al que nuestro cuerpo no está acostumbrado. Pero ¿qué son realmente? ¿Significa que hemos entrenado bien? ¿Y es cierto que se deben a la acumulación de ácido láctico?
¿Qué son realmente las agujetas?
Las agujetas forman parte de lo que conocemos como dolor muscular de aparición tardía, también conocidos como DOMS.
Suelen aparecer varias horas después de realizar una actividad física poco habitual y pueden alcanzar su máxima intensidad aproximadamente entre las 24 y 72 horas posteriores.
Los ejercicios con un componente importante de contracciones excéntricas (es decir, en las que el músculo genera tensión mientras se alarga) suelen producir mas DOMS. Por ejemplo: bajar escaleras después de mucho tiempo sin hacerlo, realizar ejercicios con cargas nuevas, correr después de meses sin hacerlo, aumentar el volumen de entramiento, etc.
¿Tener más agujetas significa haber entrenado mejor?
No. Este es uno de los mitos más habituales que se escuchan.
Un entrenamiento puede ser perfectamente eficaz para mejorar nuestra fuerza, masa muscular o resistencia sin producir unas agujeras intensas.
De hecho, cuando nuestro cuerpo se adapta a determinado estímulo, es habitual que experimentemos menos dolor después de repetirlo.
¿Debemos dejar de realizar ejercicio si tenemos agujetas?
Depende de la intensidad de los síntomas.
Si las agujetas son leves, normalmente podemos continuar realizando actividad física, adaptando la intensidad y evitando sobrecargar excesivamente la musculatura afectada.
De hecho, el movimiento suave y la actividad habitual pueden ayudarnos a sentirnos mejor, aunque hay que dejar claro que no existe un método mágico que haga desaparecer inmediatamente las agujetas.
¿Cuándo deberíamos preocuparnos?
Las agujetas habituales producen molestias musculares que van mejorando progresivamente.
Sin embargo, un dolor muy intenso, una inflamación importante, una pérdida marcada de fuerza o síntomas que no encajan con las molestas habituales deberían valorarse por un profesional sanitario.
No todo dolor después de entrenar son obligatoriamente agujetas.