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El saber no ocupa lugar.

Cuando pensamos en el cuerpo humano, solemos imaginar que todos tenemos exactamente los mismos músculos. Bíceps, tríceps, cuádriceps, gemelos… y así hasta completar nuestra anatomía.

Pero existe una curiosidad anatómica que demuestra que no todos los cuerpos son exactamente iguales: los llamados músculos inconstantes o músculos supernumerarios.

¿Qué son los músculos inconstantes?

Los músculos inconstantes son aquellos que no están presentes en todas las personas. Se consideran variaciones anatómicas normales: algunas personas las presentas y otras no.

Su ausencia no significa que exista un problema ni que el músculo haya desaparecido. Simplemente, forman parte de la enorme variabilidad anatómica que existe entre individuos.

Ejemplos:

  1. El palmar largo: uno de los ejemplos más conocidos, situado en la parte anterior del antebrazo. Se estima que está ausente en un porcentaje significativo de la población y además su ausencia puede producirse en uno o en ambos brazos. Aunque puede contribuir ligeramente en la flexión de la muñeca y en la tensión de la fascia palmar, su ausencia normalmente no supone una pérdida funcional importante.
  2. El piramidal del abdomen: situado en la parte inferior del abdomen, por delante del recto abdominal. Su función principal está relacionada con la tensión de la línea alba. Sin embargo no todas las personas lo presentan y, cuando está presente, su tamaño puede variar considerablemente.
  3. El esternal: se sitúa en la parte anterior del tórax, se relaciona con movimientos de la pared torácica.

¿Significa que tener un músculo inconstante nos hace diferentes físicamente?

Sí, pero no de una manera que podamos apreciar a simple vista. En la mayoría de los casos, estas variaciones no afectan de forma significativa ni al movimiento ni al rendimiento físico.

¿Cuántos músculos crees que hay en el cuerpo humano?

¿100? ¿300? ¿500?…

La respuesta puede sorprenderte: el cuerpo humano tiene más de 600 músculos. Aunque la cifra exacta puede variar según cómo se clasifiquen algunos músculos, se suele hablar de unos 600-650 músculos.

Y no todos sirven para lo mismo. Podemos agruparlos en 3 grandes bloques.

  1. Músculos esqueléticos: son los que nos permiten movernos de forma voluntaria, caminar, correr, saltar o levantar un peso.
  2. Músculo cardíaco: se encuentra en el corazón y trabaja continuamente sin que tengamos que pensar en ello.
  3. Músculo liso: se encuentra en órganos y estructuras como el intestino, los vasos sanguíneos, la vejiga… Y permite que todo funcione de manera automática.

Además, la mayoría de músculos tienen funciones mucho más allá de producir movimiento. Ayudan a mantener la postura, estabilizar articulaciones, amortiguan los impactos, protegen los órganos, producen calor… Por ejemplo, el simple hecho de estar de pie, aunque parezcamos estar quietos hay decenas de músculos trabajando de manera simultanea para mantener tu cuerpo estable.

Agujetas post-entreno

Seguro que alguna vez has terminado un entrenamiento sintiéndote perfectamente… y al día siguiente bajar escaleras se ha convertido en todo un reto.

Las famosas agujetas son muy habituales después de hacer un ejercicio al que nuestro cuerpo no está acostumbrado. Pero ¿qué son realmente? ¿Significa que hemos entrenado bien? ¿Y es cierto que se deben a la acumulación de ácido láctico?

¿Qué son realmente las agujetas?

Las agujetas forman parte de lo que conocemos como dolor muscular de aparición tardía, también conocidos como DOMS.

Suelen aparecer varias horas después de realizar una actividad física poco habitual y pueden alcanzar su máxima intensidad aproximadamente entre las 24 y 72 horas posteriores.

Los ejercicios con un componente importante de contracciones excéntricas (es decir, en las que el músculo genera tensión mientras se alarga) suelen producir mas DOMS. Por ejemplo: bajar escaleras después de mucho tiempo sin hacerlo, realizar ejercicios con cargas nuevas, correr después de meses sin hacerlo, aumentar el volumen de entramiento, etc.

¿Tener más agujetas significa haber entrenado mejor?

No. Este es uno de los mitos más habituales que se escuchan.

Un entrenamiento puede ser perfectamente eficaz para mejorar nuestra fuerza, masa muscular o resistencia sin producir unas agujeras intensas.

De hecho, cuando nuestro cuerpo se adapta a determinado estímulo, es habitual que experimentemos menos dolor después de repetirlo.

¿Debemos dejar de realizar ejercicio si tenemos agujetas?

Depende de la intensidad de los síntomas.

Si las agujetas son leves, normalmente podemos continuar realizando actividad física, adaptando la intensidad y evitando sobrecargar excesivamente la musculatura afectada.

De hecho, el movimiento suave y la actividad habitual pueden ayudarnos a sentirnos mejor, aunque hay que dejar claro que no existe un método mágico que haga desaparecer inmediatamente las agujetas.

¿Cuándo deberíamos preocuparnos?

Las agujetas habituales producen molestias musculares que van mejorando progresivamente.

Sin embargo, un dolor muy intenso, una inflamación importante, una pérdida marcada de fuerza o síntomas que no encajan con las molestas habituales deberían valorarse por un profesional sanitario.

No todo dolor después de entrenar son obligatoriamente agujetas.

musculo esternocleidomastoideo

Seguro que conoces nombres de músculos como el bíceps, el tríceps o el cuádriceps… pero ¿sabrías decir cuál es el que tiene el nombre más largo?

Uno de los que se lleva el premio es el esternocleidomastoideo.

Su nombre puede sonar complicado, pero en realidad nos está dando información sobre dónde se origina y dónde se inserta.

  • Esterno: esternón
  • Cleido: clavícula
  • Mastoideo: apófisis mastoides del cráneo.

Es decir, conecta el esternón y la clavícula con el cráneo. Por lo que podemos deducir que tiene funciones importantes como producir los movimientos de rotación e inclinación de la cabeza, además también colabora en determinados movimientos respiratorios cuando el cuello está estabilizado.

Y sí… probablemente sea más fácil decir simplemente ECM (por sus siglas).

QUÉ OCURRE CUANDO DEJAMOS DE MOVER UNA ARTICULACIÓN

Cuando dejamos de mover una articulación durante un tiempo, nuestro cuerpo se adapta a esa falta de movimiento. Esto hace que podamos perder progresivamente movilidad, fuerza o capacidad para tolerar ciertas cargas.

Perdemos movilidad.

Si una articulación permanece mucho tiempo en posiciones similares, los tejidos que la rodean pueden perder capacidad para moverse con normalidad. Por eso, después de un periodo de inmovilización como tras una lesión o cirugía, es normal que la articulación esté más rígida y con menos recorrido.

Perdemos fuerza.

Cuando dejamos de utilizar una zona del cuerpo, los músculos asociados reciben menos estímulo. Con el tiempo puede aparecer pérdida de fuerza y masa muscular. Esto puede convertirse en un círculo de: menos movimiento, conlleva menos fuerza, que a su vez dificulta la capacidad para moverse, lo que hace que todavía tengamos menos movimiento.

Nuestro sistema nervioso también se adapta.

Moverse no es únicamente cuestión de músculos y articulaciones. Nuestro cerebro necesita recibir información constante sobre como está y como se mueve nuestro cuerpo. Cuando reducimos mucho el movimiento, también disminuye la exposición a diferentes posiciones, velocidades y cargas.

Por eso durante un proceso de rehabilitación no solo se busca recuperar el movimiento mecánico, sino también volver a confiar y controlar esa articulación.

También cambia nuestra tolerancia a la carga.

Una articulación que ha estado mucho tiempo sin recibir carga puede tolerar peor determinadas demandas cuando volvemos a la actividad.

Esto es importante después de una lesión, ya que tendremos que hacer una exposición progresiva para evitar recidivas o nuevas lesiones. Sentirse mejor después de un tiempo inmovilizado no significa estar preparado para volver directamente al nivel de actividad anterior. La fisioterapia no solo consiste en “quita el dolor”, sino conseguir que la persona vuelva a moverse, cargar y utilizar su cuerpo con normalidad

POR QÚE ENTRENAR FUERZA REDUCE EL RIESGO DE LESIÓN

Durante mucho tiempo se ha asociado el entrenamiento de fuerza con lesiones. Sin embargo, cuando está bien planificado y adaptado a la persona, ocurre prácticamente lo contrario, entrenar fuerza puede ayudarnos a reducir el riesgo de ciertas lesiones.

Pero ¿por qué ocurre esto?

  1. Una musculatura fuerte tolera mejor las cargas.

Sometemos al cuerpo constantemente a soportar diferentes fuerzas como caminar, correr, saltar, subir escaleras, levantar peso… El entrenamiento de fuerza hace que músculos, tendones y estructuras pasivas se adapten progresivamente a esas demandas. Esto significa que una carga que antes nos podía resultar excesiva con el tiempo se convierta en una carga perfectamente tolerable.

  • Mejora la capacidad para controlar el movimiento.

El entrenamiento de fuerza no solo consiste en levantar más peso. También nos permite controlar mejor nuestras articulaciones durante movimientos rápidos o inesperados. Por ejemplo, cuando aterrizamos tras un salto, cuando cambiamos de dirección jugando al fútbol o cuando perdemos el equilibrio.

  • Los tejidos también se adaptan.

El entrenamiento progresivo no afecta únicamente al músculo. Los tendones, huesos y otros tejidos también se adaptan a las cargas demandadas por el entrenamiento. Por eso, el objetivo no debería ser evitar todas las cargas, sino aplicar una cantidad adecuada de carga y aumentarla progresivamente.

  • Nos prepara para las exigencias de nuestro deporte.

No necesita la misma preparación una persona que únicamente sale a caminar, que alguien que juega al fútbol, corre maratones o alguien que practica CrossFit.

El entrenamiento de fuerza permite trabajar de forma específica las capacidades que posteriormente necesitaremos

Entonces, ¿entrenar fuerza evita las lesiones?

No podemos decir que vayamos a evitar todas las lesiones, ya que lesionarse depende de muchos factores, como la carga de entrenamiento, el descanso, la fatiga, la técnica, las lesiones previas… Pero sí podemos afirmar que desarrollar una buena capacidad de fuerza es una herramienta muy importante dentro de la prevención.

El cuerpo no se vuelve más resistente evitando las cargas. Se vuelve más resistente aprendiendo a tolerarlas.