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QUÉ OCURRE CUANDO DEJAMOS DE MOVER UNA ARTICULACIÓN

Cuando dejamos de mover una articulación durante un tiempo, nuestro cuerpo se adapta a esa falta de movimiento. Esto hace que podamos perder progresivamente movilidad, fuerza o capacidad para tolerar ciertas cargas.

Perdemos movilidad.

Si una articulación permanece mucho tiempo en posiciones similares, los tejidos que la rodean pueden perder capacidad para moverse con normalidad. Por eso, después de un periodo de inmovilización como tras una lesión o cirugía, es normal que la articulación esté más rígida y con menos recorrido.

Perdemos fuerza.

Cuando dejamos de utilizar una zona del cuerpo, los músculos asociados reciben menos estímulo. Con el tiempo puede aparecer pérdida de fuerza y masa muscular. Esto puede convertirse en un círculo de: menos movimiento, conlleva menos fuerza, que a su vez dificulta la capacidad para moverse, lo que hace que todavía tengamos menos movimiento.

Nuestro sistema nervioso también se adapta.

Moverse no es únicamente cuestión de músculos y articulaciones. Nuestro cerebro necesita recibir información constante sobre como está y como se mueve nuestro cuerpo. Cuando reducimos mucho el movimiento, también disminuye la exposición a diferentes posiciones, velocidades y cargas.

Por eso durante un proceso de rehabilitación no solo se busca recuperar el movimiento mecánico, sino también volver a confiar y controlar esa articulación.

También cambia nuestra tolerancia a la carga.

Una articulación que ha estado mucho tiempo sin recibir carga puede tolerar peor determinadas demandas cuando volvemos a la actividad.

Esto es importante después de una lesión, ya que tendremos que hacer una exposición progresiva para evitar recidivas o nuevas lesiones. Sentirse mejor después de un tiempo inmovilizado no significa estar preparado para volver directamente al nivel de actividad anterior. La fisioterapia no solo consiste en “quita el dolor”, sino conseguir que la persona vuelva a moverse, cargar y utilizar su cuerpo con normalidad

POR QÚE ENTRENAR FUERZA REDUCE EL RIESGO DE LESIÓN

Durante mucho tiempo se ha asociado el entrenamiento de fuerza con lesiones. Sin embargo, cuando está bien planificado y adaptado a la persona, ocurre prácticamente lo contrario, entrenar fuerza puede ayudarnos a reducir el riesgo de ciertas lesiones.

Pero ¿por qué ocurre esto?

  1. Una musculatura fuerte tolera mejor las cargas.

Sometemos al cuerpo constantemente a soportar diferentes fuerzas como caminar, correr, saltar, subir escaleras, levantar peso… El entrenamiento de fuerza hace que músculos, tendones y estructuras pasivas se adapten progresivamente a esas demandas. Esto significa que una carga que antes nos podía resultar excesiva con el tiempo se convierta en una carga perfectamente tolerable.

  • Mejora la capacidad para controlar el movimiento.

El entrenamiento de fuerza no solo consiste en levantar más peso. También nos permite controlar mejor nuestras articulaciones durante movimientos rápidos o inesperados. Por ejemplo, cuando aterrizamos tras un salto, cuando cambiamos de dirección jugando al fútbol o cuando perdemos el equilibrio.

  • Los tejidos también se adaptan.

El entrenamiento progresivo no afecta únicamente al músculo. Los tendones, huesos y otros tejidos también se adaptan a las cargas demandadas por el entrenamiento. Por eso, el objetivo no debería ser evitar todas las cargas, sino aplicar una cantidad adecuada de carga y aumentarla progresivamente.

  • Nos prepara para las exigencias de nuestro deporte.

No necesita la misma preparación una persona que únicamente sale a caminar, que alguien que juega al fútbol, corre maratones o alguien que practica CrossFit.

El entrenamiento de fuerza permite trabajar de forma específica las capacidades que posteriormente necesitaremos

Entonces, ¿entrenar fuerza evita las lesiones?

No podemos decir que vayamos a evitar todas las lesiones, ya que lesionarse depende de muchos factores, como la carga de entrenamiento, el descanso, la fatiga, la técnica, las lesiones previas… Pero sí podemos afirmar que desarrollar una buena capacidad de fuerza es una herramienta muy importante dentro de la prevención.

El cuerpo no se vuelve más resistente evitando las cargas. Se vuelve más resistente aprendiendo a tolerarlas.

La vejiga hiperactiva (VH) es un trastorno del sistema urinario en el que la vejiga se contrae de manera involuntaria incluso cuando no está llena. Conlleva una sensación de tener necesidad de orinar de manera urgente y que la mayoría de las veces no puede ser controlada. En algunos casos se combina con incontinencia urinaria (IU), que es la perdida involuntaria de orina. Por lo tanto, la diferencia entre una y otra es que la VH es una sensación nerviosa y la IU es el hecho de la perdida.

Ambas pueden ocasionar trastornos en el día a día de las personas que lo padecen provocando aislamiento social, problemas personales a nivel emocional como depresión o ansiedad y además provoca alteraciones en el sueño.

Las causas de la VH son diversas y no siempre se comprende:

  1. Problemas neurológicos: Condiciones como el Parkinson, la esclerosis múltiple o los accidentes cerebrovasculares pueden afectar el control de la vejiga.
  2. Infecciones del tracto urinario (ITU): Las infecciones pueden irritar la vejiga y provocar síntomas similares a los de la vejiga hiperactiva.
  3. Cambios hormonales: especialmente en mujeres durante la menopausia, pueden contribuir al desarrollo de la vejiga hiperactiva.
  4. Causas estructurales: En algunos casos, los problemas físicos con la vejiga, como un músculo de la vejiga debilitado.
  5. Factores psicológicos: El estrés y la ansiedad también pueden empeorar la sintomatología.

Existen varios tratamientos y abordajes para el tratamiento de la VH una vez ha sido diagnosticada:

  1. Tratamiento farmacológico
  2. Terapias conductuales: suelen ser una primera fase de tratamiento e incluye varias opciones como ejercicios para fortalecer la musculatura pélvica, entrenamiento de vejiga que consiste en generar pautas temporales para no ir al baño en situaciones preventivas, perder peso…
  3. Estimulación nerviosa por medio del tibial anterior: Consiste en la aplicación de una estimulación percutánea superficial en el tobillo durante 12 semanas ya que es uno de los nervios encargados de controlar la vejiga.
  4. Cirugía una vez todo lo anterior se haya intentado y no haya funcionado.
levantar peso errores
  1. Levantar más peso del que puedes controlar.

Es el error principal. Intentar mover una carga superior a nuestra capacidad física. Cuando esto ocurre, es frecuente que aparezcan compensaciones, pérdida de estabilidad y un aumento innecesario del esfuerzo.

  1. Hacer movimientos bruscos.

Muchas lesiones se producen al intentar levantar o mover un objeto de forma rápida e inesperada. Los movimientos explosivos sin preparación previa pueden generar un estrés elevado sobre músculos y articulaciones.

  1. Mantener la carga alejada del cuerpo.

Cuanto más lejos esté el peso de nuestro centro de gravedad, mayor será el esfuerzo que deben realizar la espalda y otras estructuras para estabilizar el movimiento.

  1. Girar el tronco mientras cargas peso.

Una situación muy frecuente es levantar un objeto y girar rápidamente para colocarlo en otro lugar. Está combinación de carga y rotación aumenta la exigencia mecánica sobre la columna.

  1. Pensar demasiado en “tener la espalda perfecta”

Durante años se ha transmitido la idea de que cualquier flexión de espalda al levantar peso es peligrosa. Sin embargo, la realidad es más compleja. La columna está diseñada para moverse y adaptarse a diferentes posiciones. Lo más importante no es mantener una postura rígida y perfecta en todo momento, sino que la carga sea adecuada y que el cuerpo esté preparado para tolerarla.

No existe una única técnica válida para todas las personas y situaciones. La mejor forma de levantar peso dependerá de factores como la carga, la movilidad y el contexto.

Levantar peso no es peligroso en sí mismo, de hecho, es una capacidad natural que todos utilizamos cada día. Entrenar fuerza, progresar de forma gradual y aprender a manejar cargas con confianza son algunas de las mejores estrategias para proteger tu espalda y reducir el riesgo de lesión.

Agujetas

Si alguna vez has empezado un nuevo entrenamiento o has aumentado la intensidad de tus ejercicios, probablemente hayas experimentado las famosas agujetas.

¿Qué son realmente las agujetas?

Las agujetas, conocidas científicamente como dolor muscular de aparición tardía (DOMS, por sus siglas en ingles), son molestias musculares que suelen aparecer entre las 12 y las 24 horas después del ejercicio, alcanzando su punto máximo entre las 24 y las 72 horas.

Las agujetas se producen principalmente por pequeñas alteraciones en las fibras musculares y en los tejidos que las rodean como consecuencia de esfuerzos a los que el cuerpo no está acostumbrado.

¿Cuándo aparecen con más frecuencia?

Suelen ser mas intensas cuando:

  • Empezamos a entrenar después de un periodo de inactividad
  • Probamos ejercicios nuevos
  • Aumentamos la carga o el volumen de entrenamiento

¿Qué hacer para recuperarse antes?

No existe una solución milagrosa para eliminar las agujetas de forma inmediata, pero algunas estrategias pueden ayudar a reducir las molestias.

  • Mantenerse activo: el movimiento suave suele aliviar temporalmente la rigidez. Caminar o ejercicios de movilidad pueden ser útiles.
  • Dormir lo suficiente: es uno de los factores más importantes para la recuperación muscular. Durante el sueño se producen gran parte de los procesos de reparación de los tejidos.
  • Cuidar la alimentación: comer suficiente proteína y mantener una alimentación equilibrada favorece la recuperación muscular. Además, la hidratación es clave para el funcionamiento normal del organismo tras el ejercicio.

Realizar una progresión adecuada: la mejor forma de controlar las agujetas excesivas es aumentar la carga de entrenamiento de manera gradual. El cuerpo se adapta rápido cuando los estímulos son progresivos

Estirar antes de entrenar

Durante años se ha pensado que estirar antes de entrenar era obligatorio para evitar lesiones y rendir mejor, pero lo cierto es que a día de hoy se ha demostrado que no siempre es la mejor opción.  

La realidad es que depende del tipo de estiramiento y del entrenamiento que vayas a realizar.  

Los estiramientos estáticos son los típicos en los que mantienes una posición durante varios segundos. Hacerlos justo antes de un entrenamiento de fuerza, velocidad o potencia puede perjudicar y disminuir ligeramente el rendimiento.  

Por eso no suele recomendarse como parte principal del calentamiento antes de entrenar fuerte, sino que suele ser más recomendable:  

  • Movilidad articular (movimientos amplios y controlados de manera global para activar y lubricar las articulaciones). 
  • Activación muscular (ejercicios con gomas o con el propio peso corporal para mejorar la estabilidad y facilitar que ciertos músculos trabajen correctamente durante el entrenamiento).  
  • Series de aproximación (en entrenamiento de fuerza son series con menor peso que las efectivas utilizadas para preparar los tejidos y reducir el riesgo de lesión). 

El objetivo del calentamiento es preparar el cuerpo, aumentar la temperatura y mejorar la movilidad necesaria para entrenar.